ABDUL EL LOCO

Moktar era una curiosa mezcla de razas y de modo de vida. Era hijo de un Tuareg  y de una Bereber.

El padre de Moktar se llamaba Moussa. Era un Tuareg del Sahel, su familia pastoreaba en el sur de Argelia desde tiempos inmemoriales. Se dedicaban al pastoreo de cabras y de dromedarios y pastoreaban desde el norte de Tombuctú al sur de Trípoli. Aunque su zona más habitual era el sur este de Argelia.

Su familia era un grupo pequeño aunque muy respetado dentro de los pocos Tuareg que todavía eran leales al legado imuhars, ya que el abuelo de Moktar era un conocido guerrero de los que pelearon contra la colonización francesa. La familia de Moktar, era muy tradicional, conservaban en pleno siglo XX las costumbres ancestrales del pueblo del desierto.  Colocados por Ala en el inhóspito corazón del Sahara, eran los únicos habitantes del desierto que Vivian de espaldas a las comodidades que la civilización de los colonialistas había traído a África.

En uno de los viajes de la familia de Moktar, la familia Tuareg decidió acampar en la zona desértica de  Douar El Ma, con la idea de vender las nuevas cabras nacidas durante el invierno y comprar 3 dromedarios más. El invierno del 64, fue un invierno duro, pero con gran cantidad de lluvias. Y el crecimiento de los cabritos fue en paralelo con la cantidad de hierbas de camello que aparecía por todo el Sahara. Había sido un gran año y la familia tenía la oportunidad de aumentar el rebaño de dromedarios.

Pero el mercado de Douar El Ma , estaba saturado de cabras, a los bereberes del sudeste de Argelia les había ido también muy bien.

Moktar era un chico despierto, desde pequeño demostró tener una gran inteligencia y grandes dotes para arreglar cosas y construir poleas para pozos, o estructuras fuertes para haimas un poco más grandes de lo habitual. Tenía 20 años, cuando llegaron a Douar el Ma, y todo lo que veía en aquel pequeño asentamiento le fascinaba, todo lo que olía a civilización le maravillaba.     Era superior a él, si Moktar, hubiera sido criado en occidente, hubiera sido seguramente ingeniero, su mente estaba preparada para ver cosas que la matemática que no conocía le limitaba.        

Cuando la familia se planteo, el regresar al solitario mar de dunas del norte de Mali, sin haber cambiado las cabras por dromedarios, Moktar, hablo con su padre, le dio la idea de que 3 de sus hermanos y el, podrían viajar al norte, llevando unas 50 cabras, hacia la gran ciudad de El Oued.

El padre de Moktar, se negó en un principio, no quería que sus hijos abandonaran la familia, y temía que la civilización, sedujera la mente inquieta de Moktar, pero su madre intervino, le recordó que después de un año de lluvias en el Sahara, suelen venir varios de sequia, y el disponer de 3 o 4 dromedarias, les garantizaría la leche, y si es necesario, la carne para subsistir durante un duro periodo de sequias.

Al final cedió, confiando en que sus otros 3 hijos, nómadas de corazón, arrastrarían de regreso a Moktar.

Partieron una mañana a primera hora. El padre de Moktar, les acompaño varios kilómetros, en silencio, a lomos de su preciado Mehari Blanco como la leche, hasta que se aseguro que tenían la facultad de leer en el terreno el camino correcto hacia el norte. Sin previo aviso, y sin despedida alguna, giro su mehari, y regreso al campamento, dejando a sus  hijos, pastorear sus cabras hacia la civilización.

Pasados dos días, Moktar y sus hermanos distinguieron a lo lejos, la ciudad de El Oued.

Decidieron acampar tras unas dunas a una distancia prudencial y pasar la noche.

A la mañana siguiente, Moktar y su hermano as pequeño se encaminaron a la ciudad, mientras que sus hermanos mayores, se quedaban a la intemperie, al cuidado de sus cabras.

El Qued, era un pequeña ciudad, más bien un pueblo grande, pese a ello, a Moktar quedo fascinado, de sus calles, de sus luces eléctricas, de sus ordenadas calles, de sus edificios principales. Todo en la ciudad le fascinaba.

Emplearon casi todo el día en descubrir la ciudad, pero ya empezaba a atardecer, y no podían obviar su misión, se encaminaron hacia el mercado de El Qued.

Después de consultar a 5 compradores, descubrieron tristemente que el precio de venta de las cabras apenas difería con respecto a  Douar El Ma, apenas conseguirían 2 dromedarios por sus cabras.

Desanduvieron el camino hasta donde aguardaban sus hermanos, con la mala noticia. Solo había una pequeña esperanza, el ultimo tratante de ganado con el que hablaron, les aseguro, que al otro lado de la frontera con Túnez, podrían conseguir su propósito.

Después de discutir entre los 4 hermanos, cual era la mejor idea, si volver fracasando junto a su familia y aguantar las burlas de su padre y sus tíos, o intentar llegar hasta la ciudad fronteriza de Matrouha, ya en Túnez, para allí, hacer un buen trueque.

El hecho de volver con las manos vacías no peso tanto como el afrontar las burlas de los varones de su familia, por lo que a riesgo de perder 3 o 4 días más, decidieron viajar al este, hacia Túnez.

Matrouha era un pueblo pequeño, de reciente creación y de rápido crecimiento, el contrabando de combustible con Argelia y la venta de sal del inmenso mar salado de Chott el Jerit, le habían asegurado un rápido crecimiento, pero las recientes mediadas del gobierno tunecino para controlar,  que no,  parar el contrabando, había ralentizado este prospero negocio, lo que favorecía a nuestros aventureros, ya que esto hacia que el precio de los dromedarios, tras la bajada de la demanda de trasporte barato y silencioso, estaba por los suelos.

Esta vez, el carácter nómada de los cuatro hermanos Tuareg, no evito que el sentido práctico, les llevara a acampar justo a la salida oeste del pueblo, no querían perder mucho tiempo, yendo y viniendo desde un lejano campamento.

A la mañana siguiente, el sonido de una espantosa maquina les despertó, se trataba de un camión Bedford que se dirigía hacia ellos. Moktar, quedo maravillado al contemplar como un solo hombre dominaba a placer aquella maquina gigantesca. Había visto varios coches en  El Qued que ya le había maravillado, pero contemplar como aquel artefacto, era capaz de trasportar a mas de una decena de dromedarios como si nada, le maravillo.

Decidieron no perder más tiempo y dirigirse al pequeño mercado de la localidad, allí encontraron cientos de dromedarios, de todos los tamaños y colores. Se quedaron maravillados por lo que allí contemplaron.

Conocieron a un mercader, que les informo sobre las costumbres locales para hacer trueques.

El primer impedimento era su condición de extranjeros, Moktar no entendían ese contratiempo, eran Tuareg, una raza claramente superior, ellos no entendían nada sobre las fronteras entre Túnez y Argelia, insistieron que ellos no vieron más que una gran Hamada sin ninguna línea de división en el suelo.

El problema de la extranjería se soluciono rápidamente, entregando una de las cabras al eumda del pueblo, pero el segundo requisito, complico un poco más su misión. Resulta que era costumbre en Matrouha, después de siglos de experiencia comprando ganado en la frontera, y para evitar ganado contaminado, la obligación de que el ganado permaneciera tres días en la ciudad, te tal manera que si aparecía cualquier tipo de mal en algún espécimen, con tres días se haría evidente, y de paso, hacer gastar a los visitantes, su dinero en los lupanares y posadas de la ciudad.

Así que los 4 hermanos, después de llegar a un acuerdo con el comerciante, bastante ventajoso, en el que después de los 3 días de cuarentena, si todo marchaba bien, cambiarían su rebaño de cabras por 5 dromedarios de muy buen porte.

Moktar, el padre de nuestro protagonista, decidió aprovechar aquellos 3 días, para conocer a fondo la ciudad y tantos artilugios como fueran posible. Descubrió una gran máquina, capaz de cortar palmeras en tablones en apenas minutos, vio como repostaban camión, tras camión con aquel maravilloso liquido que producía tanto ruido en el corazón mecánico de aquellas bestias metálicas.

Y, también se acerco maravillado a contemplar como funcionaba una gigante noria, que habían puesto allí hacia siglos por primera vez, los primeros occidentales que se acercaron al Sahara.

Pasados los años, aquella noria fue perfeccionada, de tal manera que con la ayuda de dos bestias, conseguía arrancar tanta agua de la tierra como jamás había imaginado que existía en todo el mundo.

Pero para lo que no estaba preparado Moktar, era para descubrir lo que el destino le deparaba.

Mientras contemplaba el movimiento y el brotar del agua, contra el sol del atardecer se le aparición una figura mística, el contorno de una hermosa joven, acentuado por el cántaro que portaba en su cabeza… Se trataba de Malika, una joven de unos 16 años, con unos ojos desgarradores, y una increíble tez blanca que llamaba poderosamente la atención del corazón de aquel joven Tuareg.

Moktar consiguió arrancar una bonita conversación de Malika, y los 3 días antes de su partida, Malika y Moktar se enamoraron profundamente.

 Los hermanos de Moktar retrasaron 2 días mas, su retorno al corazón del Sahel, para convencer a Moktar de que les acompañara al campamento de su padre, pero Moktar les explicaba una y otra vez que no podría volver sin su corazón. Se quedaría, se casaría y entonces volvería con su familia y su vida nómada.

 Finalmente, los hermanos decidieron  partir sin él. Todos querían a Moktar, por lo que decidieron pese a enfrentarse a la cólera de su padre, dejarle a su hermano uno de los 5 dromedarios.  En cualquier caso, el objetivo eran 4 dromedarios, y ellos cumplirían, aunque partieran 4 y retornaran 3. Pero a Moktar, nadie le convencería. Partieron sin él.

 El padre de Malika, se negó en rotundo, a dar a su hija en mano a un Tuareg, no porque no sintiera admiración por los duros habitantes del Sahara, si no porque no permitiría que su hija fuera entregada a una vida de dureza, sol y arena en el corazón del desierto. De ninguna manera.

Pero Malika era muy obstinada y cada día, insistía, cada noche lloraba, y cada tarde se encontraba con su amado en la noria. Pese a que los Tuareg creían en la libertad de las mujeres, de elegir y vivir su sexualidad, Moktar, siempre acepto respetar a Malika, y decidió comenzar a adaptarse a la vida en una población.

Busco un trabajo de aprendiz de mecánico en un taller de maquinaria agrícola, busco una pequeña casa, y comenzó a vivir como uno más en el pueblo, mientras insistía en sus pretensiones de casarse con Malika.

Finalmente, el padre de Malika cedió, y aceptaría que su única hija se casara con un Tuareg, el que Moktar empezara su vida como un ciudadano típico de Matrouha, y que casi después de un año, Malika no cambiaba de opinión, ni cambiaria nunca, dio su consentimiento salvo por una condición.  Moktar nunca, volvería a su vida nómada, si se casaba con su hija, debería vivir siempre, como un ciudadano más.

Moktar, siempre albergo la idea de una vez casados, emprendería el viaje de búsqueda de su familia, y quién sabe si llevaría varios inventos que les haría más fácil su vida en el Sahara.

Quería a Malika más que a nada en el mundo, pero él era un Tuareg.

Hablo con Malika sobre el tema, y ella estaba más que dispuesta a que la exigencia de su padre se cumplirán, no solo eso, ella no había nacido para vivir en el desierto, buscando hierva de norte a sur. Ella quería a Moktar, pero también quería su vida.

Finalmente Moktar se decidió, y juro frente a su futuro suegro, sobre lo más sagrado que no volvería a la vida Tuareg.

 La boda duro 4 días, Malika era la hija de un prospero tratante  de sal, y su padre no reparo en gastos. Además les ayudo con una vivienda digna.

Por fin Moktar y Malika se casaron pese a todo. Moktar aunque echaba de menos su vida en el desierto, por fin tenia a Malika, y eso le valía, al menos entonces.

Pasaron varios días encerrados en su nueva casa, haciendo el amor y disfrutando mutuamente el uno del otro. Malika tenía muchas ganas de ser Madre. Y Ala se lo concedió muy rápidamente. A los 2 meses ya estaba embarazada. Tan rápido que decidieron no decir nada hasta el 4 mes, para evitar habladurías.

Así vino al mundo Abdul. En el seno de una familia peculiar, un tuareg y una Bereber de piel blanca,  que seguramente la blancura de piel, venia provocada  por algún desliz de sus antepasados, en tiempos de la ocupación francesa.

Y  Moktar, descubrió de repente, que era padre y paso en unos meses,  de ser un muchacho a ser un marido con descendencia.

Se alegro mucho que fuera un varón, quería ver en su hijo, el orgullo de ser un hombre del desierto, como sus ancestros, como su abuelo paterno.

7 días después del nacimiento,  se celebro La aqiqah de Abdul, toda la familia de Malika estaba feliz, especialmente el abuelo de la criatura, creía que no llegaría a verse como abuelo. Se caso con la madre de Malika en segundas nupcias, después de enviudar, a una edad avanzada y el verse con un nieto Varón que perpetrara su estirpe le hacía muy feliz.

Era evidente que Malika y su familia ya tenían planes para con la educación de Abdul, aunque Moktar tenía otras ideas, el iba a hacer de su hijo un duro Tuareg, orgulloso y valiente, capaz de enfrentarse tanto al desierto como a cualquier enemigo. Pero no quería enfrentarse a su suegro, que le proporcionaba casa, y un puesto de relevancia en la empresa de exportación de Sal

 Los problemas vinieron a los 6 años, el suegro de Moktar, de repente un día, escupió Sangre, fueron al médico del pueblo, y tras varias pruebas concluyo que tenía el mal del pulmón.  Una enfermedad asociada con los trabajadores de la sal. En apenas dos meses, el cáncer lo consumió.

Tras la muerte del padre de Malika, su madre, como es la costumbre, paso a vivir con ellos. Realmente Moktar, Malika y Abdul, se fueron a vivir al palacete de los padres de Malika. Y como es costumbre, siendo Malika hija única, Moktar pasaba a ser el cabeza de familia, se hacía cargo del negocio del padre, propietario de propiedades y dineros, y la potestad de tomar las decisiones relevantes.

Esto fue un cambio rotuno en la vida de Abdul, por fin su padre podría dirigir su educación.

Mientras su abuelo materno vivía, Abdul, asistía a la escuela coránica, aprendió a leer, los números y un poco de escritura. Pero su padre decidió que ya era un hombre.

Con los ahorros de la familia de su mujer, Moktar hizo varias compras. Lo primero fue comprarse un precioso Mehari, más alto y blanco que el de su padre, también decidió comprar un rebaño de 40 cabras, y decidió que ya era hora de que su hijo, dejara de perder el tiempo en la escuela, y comenzara a aprender a vivir en su entorno. Cuando cumpliera los 7 años, comenzaría a pastorear el rebaño de cabras, él le enseñaría a hacerlo.

Pero la peor decisión no fue esta. Moktar era el jefe de la empresa de exportación de sal de su suegro, quien tenía desde hacía años la concesión de extracción de Sal dentro del mar de sal de Chott el Djerid. Un punto de extracción complicado ya  que solo se accedía a lomos de dromedario, lejano y complejo de extraer, pero con derechos adquiridos sobre la sal que se remontaban a mas de 200 años.

El eumda del pueblo de Matrohua hizo llamar a Moktar, una vez que conoció su nueva condición de personaje poderoso del pueblo y además propietario de una mina de sal.

 –          Estimado Moktar, dijo afectuoso el Eumda, cuando este entro en el suntuoso despacho del ayuntamiento.

–          Aquí me tienes Señor eumda, ¿me habéis echo llamar?

–          Claro que si, querido amigo, siempre he tenido ganas de disfrutar de una buena conversación contigo, el día que me trajiste la cabra para que te diera la licencia para poder comerciar en Matrohua, me percate que estaba ante un hombre listo, a la vez que audaz. Y en menos de 8 años, te has convertido en uno de los hombres más importantes del pueblo.

–          Bueno, debéis de saber que no es mío el merito de la empresa, sino de mi difunto suegro, yo…

–          Tú eres lo que necesitaba la empresa de tu suegro, te lo digo yo. Éramos muy buenos amigos tu suegro y yo, hablamos mucho de negocios y siempre nos apoyamos mutuamente, compartíamos información, pequeños negocios en común, y siempre nos entendimos perfectamente.

–          Me alegro saber que tenían tan buena relación entre ustedes…

–          Y así debe de seguir si tu quieres, yo siempre me preocupe de que tu suegro prosperara, permitiéndole en determinadas ocasiones,  trasportes sin impuestos y otras cosas que te contare cuando tengamos más confianza.

–          Yo estaré encantado de tener la misma relación que tenia con mi suegro…

–          Pues claro que si, la tendremos, la tendremos… la amistad en los negocios está basada en la mutua confianza, en el “yo te ayudo y tú me ayudas…” Tu suegro por ejemplo, se entero que un amigo común, estaba realizando oscuras maniobras para hacerse con mi puesto de Alcalde y me aviso a tiempo para, digamos, subsanar el error. Y a cambio yo, le permití ciertas licencias para hacer una segunda vivienda sin pagar más que a los obreros.

–          Conozco la casa, en ella he vivido los últimos años…

–          Naturalmente, pero ahora te has trasladado a palacete de tu suegro, muy bien hecho, las apariencias son importantes en los negocios, algún día te contare como consiguió tu suegro el terreno para construirlo –mientras que le guiñaba el ojo de forma picara. Pero dejémonos de chácharas, acabo de volver de la capital, donde un buen amigo me ha contado una información muy importante que de seguro te interesara.

–          Estoy seguro que así será.

–          Pues resulta que dentro de los planes de desarrollos de la franja fronteriza, y para comunicar el sur con el norte, que como sabes está separado por cientos de kilómetros de sal del Chott el Djerid, se ha decidido que en un año, se va a construir una carretera en línea recta que atravesara el mar de sal, desde Degache hasta Bechri.

–          Ohh, que gran noticia, eso será muy bueno para toda la región, y traerá más progreso a la zona.

–          Efectivamente, pero debes pensar en cómo te afecta a ti directamente…

–          Estimado Eumda, no veo en que me afectara…

–          Pues muy sencillo, la empresa de tu suegro esta extrayendo la sal desde aquella concesión tan recóndita y complicada, tanto de extraer como de trasportar. Pero esta nueva carretera permitirá extraer la sal de una manera más sencilla, y al lado de una carretera principal para trasportarlo en camiones.

–          Ya, pero las licencias de sal tanto de Degache como de Bechri, están otorgadas desde hace cientos de años, y no se concederán mas…

–          Mi querido amigo, para eso me tienes a mí, para abrir tus oídos a informaciones secretas, solo para unos pocos elegidos. Escuchar atentamente.

–          En mitad del Chott, justo en el punto de línea imaginaria que separa la provincia de Tozeur, con la provincia de Kebili que pasara sobre la nueva carretera, hay, una isla de tierra. Y si existe tierra…

–          Si existe tierra se puede pedir licencia nueva de extracción de sal.

–          Claro, pero lo más importante es que se puede comprar.

–          Ahora lo entiendo, se podría hacer ahí una explotación de sal y sacar la misma con camiones a gasoil…

–          Efectivamente, pero además, el que disponga de la sal de la mitad de carretera, tendrá acceso fácil tanto a nuestra zona al sur, como a las grandes ciudades costeras del norte.

–          Y a la capital…

–          Si, y a la capital del país. Pero yo te doy esta información por tres motivos importantes, el primero y el que más me importa es demostrarte mi amistad, el segundo, es que casualmente, el propietario de la isla, es un viejo amigo mío del ministerio del desarrollo, que tiene gran interés en que la persona que se haga con la isla, sea un empresario avispado y afín a nuestros intereses.

–          ¿Y la tercera?

–          La tercera… Te podría contar que tengo gran interés en que esa concesión de sal sea para un habitante de nuestro pueblo, que traerá trabajo y bienestar a nuestras gentes, pero, ahora que estamos intimando, te diré, que aunque te conozco de poco, se que eres un Tuareg, generoso con tus aliados.

–          Entiendo a lo que te refieres, y efectivamente, el pueblo tuareg, tiene reglas no escritas sobre la hospitalidad y sobre la amistad para con nuestros aliados.

–          Moktar, la amistad es muy apreciada por todos, pero en estos temas, a mi me gusta hablar de generosidad.

–          Y así será.

–          Así debe ser Moktar, así debe ser. Esta información te va a hacer más rico de lo que eres.

–          ¿Y su amigo de la capital, ha decidido ya el precio de ese pequeño terreno?

–          Un millón de dinares…

–          ¿Cómo? Es una barbaridad, ninguna parcela vale esto. Es un disparate. Además, yo no dispongo de tal cantidad.

–          Si me lo permites en honor a nuestra nueva amistad, puedo ofrecerme como mediador en la compra, puedo hacer que mi amigo rebaje un poco sus aspiraciones, pero solo un poco, por que como supondrás toda esta información me la dio el, sabe que dromedario vende. ¿de qué cantidad de dinero dispones?

–          Tendría que estudiarlo, pero no creo que pueda juntar más de cuatrocientos mil  dinares…

–          Bien, con esa cantidad no creo que la mejor explotación de sal, pueda ser tuya, es una pena, me caes bien, y me gusta que mis amigos sean ricos.

–          Ni vendiendo el palacete y los camellos de la explotación llegaría a acercarme a esa cantidad…

–          Bueno, ciertamente que la cantidad es muy alta. Creo que podría convencerle a que bajara su precio a ochocientos mil dinares.

–          Aun así, ni vendiendo toda la heredad de mi suegro llegaría a esa cantidad.

–          En eso te equivocas querido amigo, tu suegro tenía otra propiedad que si que haría que pudieras alcanzar esa cifra.

–          Qué propiedad tenía mi suegro que desconozco…

–          Querido amigo, no la desconoces, ignoras que se puede vender y su valor.  La propiedad no es otra que esta vieja explotación de sal y su licencia. Podría interceder por ti ante mi amigo de la capital, para que aceptara en pago, los cuatrocientos mil dinares y la vieja explotación.

–          Pero esa explotación es la propiedad de la familia de mi mujer desde hace cientos de años, el sustento de sus antepasados…

–          Cierto, pero has de tener sentido práctico de los negocios. Cuando la explotación nueva empiece a mandar camiones de sal a todas las ciudades del norte y del sur, el precio de la sal bajara, el coste de la extracción de tu sal, dependiente de los dromedarios y de su poca capacidad de carga hará que finalmente tengas que cerrar.

–          Pero el gobernador vigila la cantidad mensual de sl que se puede extraer…

–          ¿Nunca te conto tu suegro como pago la construcción del palacete?

–          La verdad es que no…

–          Te diré que es sencillo extraer más cantidad de sal para el contrabando con Argelia, pero eso será en otra ocasión.  Además, casa de dos puertas, difícil de guardar, tus camiones podrán circular hacia el norte o hacia el sur,  y a cualquier hora de la noche por una carretera totalmente recta.

–          Interesante, muy interesante.

–          Bueno, tengo una reunión importante y estoy seguro que un hombre como tú, sabrá tomar la decisión acertada.

–          ¿de qué manera podría conocer  esa isla en medio del Chott?

–          Es una pena, pero son muchos kilómetros de Sal, nadie lo soportaría, la única forma de verla es con aeroplano. Pero creo que te puedo facilitar esta foto, tomada desde un avión.

–          Muchas gracias por la foto.

–          Mí querido amigo siento no poder regalártela, es solo un préstamo, porque quizás me hará falta, si no te decides por la compra.

–          Muchas gracias por tu confianza Eumda.

–          Gracias a ti, necesitare una respuesta en 7 días, si el próximo martes no he tenido noticias tuyas, entenderé que no te interesa el negocio ni mi confianza. Que Ala sea contigo

–          Y contigo Eumda.

Moktar salió del ayuntamiento un tanto confundido, la propuesta era realmente buena, pero exigía arriesgar en un solo negocio todo lo que recientemente había recibido.

Era  muy cierto, por lo poco que el sabia del negocio de la sal, que el que extraiga mas barato, es el que mandara en el mercado. Su extracción era más cara, pero al estar más escondida, también podía extraer mas sal para el contrabando que las de otras ciudades.

Pero si el precio de la sal, bajaba, cosa muy probable con la llegada de una súper explotación bien comunicada, su explotación no serviría de nada.

Decidió consultarlo con su mujer. Le conto toda la conversación con el Eumda. Malika solo hizo una pregunta… ¿Por qué el propietario no explota la sal el mismo, y para que querrá la vieja explotación de mi padre?

Pero Moktar la mando callar, tú no sabes de negocios, el propietario de la isla, la ha comprado gracias a una información privilegiada, y querrá venderla  de forma rápida y discreta, además preferirá una explotación pequeña y discreta como la de tu padre que una llamativa explotación en mitad de la nueva carretera a la vista de todos.  No se para que te pregunto…

Malika guardo silencio, una lágrima cayo por su cara. ¿es que no era capaz su marido,  entender que había trampa? 

–          Por favor mi esposo, piensa, no puedes comprar a ciegas una propiedad por una foto Suplico Malika.

–          Te olvidas que tu marido es un Tuareg, y se retiro a dormir.

A la mañana siguiente, ataviado con su turbante azul, y todas las botellas y cantimploras que había en el palacete, cargo al mehari con una estera, una bolsa con comida y todo el agua que pudo trasportar, y se encamino hacia el Chott el Djerid. Decidió encaminarse hacia la ciudad de Bechri, donde le había comunicado el Eumda que comenzaría la carretera en línea recta hacia la ciudad de Degache. No sabía leer ni escribir, pero sabía leer un mapa sin necesidad de brújula, comprobó la situación de ambas ciudades, trazo una línea mental entre ellas y calculo el ángulo con respecto al norte que debía de seguir, para atravesar en línea recta el temido Chott.

Aunque era primavera, el calor era intenso, busco en las afueras de Bechri, un punto donde la sal no cediera al peso de su Mehari, y se adentro en el desierto de sal.

Para cualquier habitante de la zona, atravesar el Chott era una locura, pero él era un Tuareg, y estaba bien preparado, si aquella isla existía, y si estaba allí, él la encontraría.

Tuvo que hacer noche en la desoladora extensión de muerte, y al día siguiente, dio con la isla. Era una pequeña extensión de arena, asentada sobre roca, una pequeña mancha de poco más de un metro en su parte más alta.

Su alegría fue inmensa, ojala estuviera allí Malika, allí estaba aquel pequeño milagro de la naturaleza. Solo tenía que seguir las pisadas de su dromedario sobre la sal, para ver claramente hacia donde iría la carretera.

Visualizo la zona de aparcamiento de sus camiones, e incluso jugó con la idea de comprar tractores que facilitaran la extracción de sal. Era una oportunidad fantástica que no podría desaprovechar, además, el precio le permitía mantener varias propiedades, entre ellas el palacete, el rebaño de cabras, y sus dromedarios de carga estarían fuera del trato.

 Después de tomar notas mentales sobre todo, y decidió pasar allí la noche, en el lugar más solitario del mundo, donde ninguna planta, animal o insecto se le ocurriría pasar.

A la mañana siguiente, después de echar el último vistazo y dar de beber a su Mehari, tomo la dirección norte. Quería ver cuál de las dos ciudades  se encontraba más cerca de su isla.

De camino a Degache, la ciudad al norte de la futura carretera del Chott, le asalto una duda, y si no fuera cierto que bajo sus pies  fueran a construir una carretera, el coste será muy grande, porque no se puede construir sobre sal, y hay zonas de 4 metros de capas de Sal….

Pensó que alguien en Degache tendría la información de la carretera.

 Llego a la ciudad, y decidió buscar la información donde creía que la encontraría, se dirigió al barrio de los orfebres y compro una bonita caja de orfebrería, con filigranas de plata y acabados en oro, realmente espectacular. Y se dirigió con ella al ayuntamiento.

Se hizo presentar como un buen amigo del eumda del pueblo de Matrohua, que portaba un hermoso presente para el eumda de Degache.

No tardo una hora en ser recibido por el orondo Eumda de Matrohua, que cuando vio el regalo, agasajo a aquel extraño tuareg que venía regalando maravillas.

  • Es un pequeño presente para Degache, por lo que me ha comentado mi buen amigo el eumda de Matrohua, yo soy un humilde comerciante de mi ciudad, parece ser que en breve nuestro pueblo, podrá acceder con gran facilidad a Degahe, y esperamos abrir buenas relaciones con vuestros comerciantes, ya que como sabéis, Matrohua, es la puerta de la frontera con Argelia….

A lo que el Eumda de Degache, contesto con una gran sonrisa…

  • Veo que en Matrohua, estáis muy bien informados, efectivamente, pronto tendremos una carretera que irá desde aquí a Bechri, atravesando el mar de Sal, de manera que nuestras ciudades tendrán un acceso raido y directo, sin tener que hacer el tortuoso camino de rodear el Chott.  
  • Efectivamente, esa información conocemos en Matrohua, y parece ser que el origen de esta nueva carretera nacerá desde Degache.
  • Ciertamente, esa carretera unirá en norte y el sur de la región, separado por el mar de sal, gracias a ella, el comercio fluirá, y el turismo podrá viajar a las grandes dunas. Sera muy bueno para todos.
  • Y sabría decirme el estimado Eumda cuando ha escuchado que podrían comenzar las obras.
  • Las noticias que tenemos es que será en el próximo otoño, se quiere evitar el calor del verano, intentaran hacerla entre el otoño próximo y la primavera del próximo año.
  • Es un mar de sal pero  hay algunas zonas de tierra que quieren aprovechar.
  • Pues me  alegro mocho de conocerle estimado Eumda, ya vendremos en delegación comercial cuando empiecen las obras. Muchas gracias por su tiempo.
  • Por favor trasmitirle al Eumda de Matrohua que estaremos deseosos de recibiros aquí. Y seguro que realizaremos grandes lazos comerciales entre nuestras ciudades…
  • Así lo haré, que Ala sea contigo.
  • Que Ala sea contigo.

Moktar salió de Degache entusiasmado. No podía dejar de pensar en lo inmensamente rico que serian, tendrían la cantera de sal más grande y más sencilla de extraer, y trasportar  sal, compraría dos camiones grandes y potentes, uno para la ruta del norte, hacia la capital y el puerto de Túnez, y otra para el sur, para el resto de África. Y luego compraría mas, y mas camiones, y una excavadora gigante. Iba a ser muy rico.

Cuando llego a su pueblo, se dirigió a su casa, no quiso entrar en discusiones con su mujer, simplemente le dijo, ya he visitado la isla en el mar de Sal, está allí, y voy a comprarla.

Malika no dijo nada, simplemente negó con la cabeza y recogió la cocina.

Abdul, había comenzado a pastorear, era un chico listo y aunque su padre había contratado a un pastor para que le enseñara el oficio, Abdul  ya manejaba el rebaño, no sin dificultad, era muy joven aun y aquello era más duro de lo que podría parecer.

En su tiempo libre se lamentaba de su mala suerte. Su padre le había explicado que él era descendientes de las tribus más fuertes del mundo y que tenía que aprender de la vida del pastoreo. Pero el, deseaba seguir estudiando, le fascinaba todo lo que le enseñaban en la escuela de Corán, y le entristecía dejar tan pronto los estudios.

Su padre le había dicho, que con leer, escribir y hacer números era más que suficiente. Y también le dijo que el pastoreo será algo provisional, que más adelante, empezaría desde abajo en la cantera de Sal

A él no le gusta ni lo uno ni lo otro, el quería estudiar, le fascinaba ver a los profesores ser capaz de explicar la lección solo con las ideas  de cosas que tenía en la cabeza, era un poder increíble tener esa sabiduría.

Ya tenía 14 años y aunque el pastoreo al principio le gustaba, pronto le pareció una estupidez, una pérdida de tiempo. Y en esas horas de soledad entre pastos y cabras, se prometió a sí mismo, que cuando fuera mayor de edad, cambiaria su vida, no quería ser un Tuareg, no lo era, ni quería ser el jefe de una cantera de Sal Quería conocer, quería salir y viajar.

Moktar lo tenía todo planeado, Abdul, su hijo, aprendería a ser pastor, y él le acompañaría cuando pudiera y le enseñaría las cosas que debe saber un Tuareg, aprendería a saber cuando viene una tormenta de arena, a encontrar agua bajo tierra, a saber alimentarse durante días en la hammada, a cazar el antílope… a ser un digno Tuareg… Pero la educación de Abdul tendría que esperar, estaba ante la oportunidad de su vida y debía concentrarse en hacer bien las cosas.

Lo primero que decidió Moktar, debido a que no sabía leer ni escribir, fue buscarse un letrado, contacto con el único que había en la ciudad, un tal Ali, Y le explico el negocio que pretendía realizar.

Moktar le explico a Ali que pretendía comprar un sitio privilegiado si más explicaciones a cambio de 400.000 Dinares y la vieja explotación de sal de sus suegro.

Ali se maravillo, cuantas hectáreas de terreno serian para pagar una cantidad tan elevada. Moktar le dijo que eso era toda la información que le podía facilitar pero que no era un terreno muy grande, si no muy estratégico. A lo que el letrado no quiso añadir más, Sabia que el negocio se hacía por intervención de su mejor cliente, el Eumda de Matrohua.

Después de explicarle lo que necesitaba al letrado, se encamino a ver al Eumda.

  • Querido Moktar, como estas, justo a tiempo, tal como quedamos, he podido apalabrar el precio que hablamos en nuestra última entrevista. No ha sido fácil, no… El propietario de la isla sabe lo que tiene y lo que valdrá, me ha costado mucho llegar al precio de los 800.000 dinares pactados.  Además acepta la valoración de 400.000 dinares por la vieja explotación de sal.   
  • Hola estimado Eumda, te traigo saludos del Eumda de Degache, arde en deseos de conoceros en persona y …
  • Veo que eres una persona muy concienzuda, con que has ido a Degache para comprobar la información sobre la carretera ¿verdad?
  • No señor, la verdad es que fui a visitar la isla del Chott el Jerid, y ya de paso me acerque a Degache…
  • Pero como, nadie en su sano juicio iría al corazón del lago de sal, es un lugar infernal, un calor insoportable, desolación y sal.
  • No olvidéis que soy un Tuareg, yo con mi Mehari visitamos el corazón del Chott
  • Y decirme, ¿que visteis allí?
  • Efectivamente la isla existe, es más pequeña de lo que pensaba y por lo que me han contado, la carretera la atravesara por la mitad, con lo que el terrero es muy pequeño.
  • Bueno, lo importante es la situación privilegiada donde se encuentra…
  • Cierto, pero el terreno es demasiado pequeño, minúsculo, apenas cabra un punto de extracción, lo que no la hará tan rentable.
  • ¿Dónde quieres ir a parar?
  • En el precio, dijo Moktar – es demasiado para tan poco terreno.
  • Pues te diré, querido amigo que  me costó mucho, convencer al propietario de que bajara los 200.000 dinares, y que aceptara y valorara tu pequeña explotación en 400.000  dinares.
  • Con tiempo, podría venderla por mucho más…
  • Pero no solo no hay tiempo si no que no hay margen de maniobra…
  • Hay una cosa que no entiendo, dijo Moktar, ¿Por que el vendedor acepta vender una explotación de sal pequeña, si podría tener una más grande y mejor situada?
  • Es evidente querido amigo, el ha comprado la isla, a bajo precio, gracias a información privilegiada, y quiere quitarse la propiedad de en medio para que no sea  evidente. Y le convencí para que aceptara la vieja explotación, porque es un negocio que ya funciona, está funcionando y el, que vive en la capital, no tiene que molestarse ni en venir a verla. El no entiende el negocio de la sal.
  • Parece lógico. Pero el precio deberá rebajarse…
  • Ya te adelanto querido amigo, que el precio final está cerrado, no bajara. Ya ha rebajado una gran cantidad de dinero. Si no os interesa, decirlo ahora y negociara con otros compradores.
  • No, no será necesario.
  • Bien, pues ya sabes lo que hay que hacer, trae el dinero y los papeles de la concesión de sal y cerremos el negocio cuanto antes.
  • Bueno, he contratado a Ali, para que se encargue del papeleo.
  • Pero hombre, no era necesario, lo podíamos hacer nosotros directamente sin chupatintas.
  • Señor Eumda, soy iletrado, apenas se hacer una seña como firma, para mi es necesario.
  • Está bien, así lo explicare al vendedor, no le gustaría hacer negocios si nota en ti, alguna desconfianza…. Sea pues, pero los costes de Ali correrán por tu cuenta. Me pondré en contacto con él, para organizarlo todo.
  • Muchas gracias señor Eumda. Ala sea contigo
  • Ala sea contigo.

Moktar se dio cuenta que había sido un poco necio al contratar al letrado de su pueblo, Ali hacia continuos negocios con el Eumda. ¿Pero, qué problema había?, estaba todo claro…

Pero decidió ir a hablar con Ali, y le explico todos los pormenores de la operación.

Ali, escucho atentamente, y le recomendó añadir una clausula en el contrato de compra venta, por el cual, si no se realizaba la carretera, al operación se desharía.

A Moktar, le pareció una grandísima idea. Así nada podría fallar. Esa fue la garantía que le termino de convencer. Y le pidió que preparara los papeles.

En menos de una semana, estaba todo hecho.

Abdul presencio la discusión de sus padres. Su madre Malika, lloraba desconsolada…

  • Has cambiado la herencia de mi padre por un cacho de tierra, en mitad del desierto de sal…
  • Tú no entiendes nada, cuando se haga la carretera, pediré la licencia de explotación de la cantera en el corazón del mar de sal y tendremos la sal más limpia y fácil de extraer y trasportar, seremos ricos…
  • Donde se ha visto que se haga una carretera en medio del Choff, es una locura.
  • Si se hará la carretera, lo he comprobado, además  si no se hace, el trato se rompe, y la ley les obligara a devolvernos hasta el último Dinar.

Pero a Malika nada la convencía y Moktar lo dejo por imposible. El no tenía que dar explicaciones a nadie. Había tomado todas las precauciones, nada podía fallar.

Y efectivamente, en otoño comenzó la obra de la carretera, empezaron de norte a Sur. Sería una obra faraónica, nada mas empezar la obra, encontraron de las capas de sal, eran tremendas, casi 5 metros. Cada metro de los 60 km de carretera tendrán que escavar 4 o 5 metros de profundidad de sal, y rellenarla de tierra y hormigón. Una tarea tremenda.

Moktar estaba contento, cuando empezó la obra conoció que empezaban por Degache, de esa manera llegarían antes a su propiedad a su isla.

Malika estaba más calmada, habían pasado unos meses desde que su marido entrego 400.000 dinares y la cantera de sal de su padre. Al menos había empezado la obra de la carretera, era el tema de conversación favorito del pueblo, se decía que en menos de un año estaría terminada.

Menos mal, porque habían tenido que vender el palacete para reunir los 400.000 Dinares, y habían vuelto a su casa de recién casados, pero con un hijo y su madre. Tenían dinero justo para pasar  un año y el rebaño de Abdul, no paraba de crecer. Las cabras estaban contentas y se reproducían al cuidado de su hijo.

El letrado Ali, además tuvo la idea de sacar del acuerdo de cesión de la cantera, una gran cantidad de sal que Moktar tenía acumulada, para cuando surgiera la ocasión de un pedido grande de contrabando o simplemente subiera el precio de la sal. Moktar vendía según la necesidad la sal y así iban tirando hasta poder tener nueva sal del corazón del Chooff.

Pero la carretera no avanzaba al ritmo esperado.  La profundidad de 5 metros de sal, retrasaba mucho el avance, y tamaña cantidad de sal que salía de la construcción,  saturo los mercados de sal, y el precio se cayó en picado.

Y llego el verano y las obras se pararon. El calor en el Choff el Jerid es inhumano, durante 3 meses de verano, las obras se abandonan, estaba previsto que a final de la primavera se terminaría la construcción, pero la profundidad del mar de sal era mucho mayor de lo esperado y la cimentación era muy compleja.

Al final del verano, la situación económica de la familia de Abdul estaba en precario. Moktar no vendía sal, las reservas de dinero se estaban acabando y prácticamente el dinero que entraba en la casa provenía del rebaño de Abdul.

Moktar se entero que su antigua explotación de sal, termino siendo propiedad del alcalde, debió haberlo imaginado desde un principio, pero se consoló sabiendo que el precio de la sal estaba por los suelos, y la vieja explotación bajaría mas cuando el pusiera en marcha la suya en el corazón del Choff.

La construcción de la carretera se reanudo en otoño, y aunque las obras iban muy lentas, la carretera seguí avanzando en dirección a su pequeña isla.

No le sorprendió que le llegara la notificación del estado que la carretera pasaría por encima de su propiedad, según le informo Ali, el documento  debía de aceptar y firmar el derecho de paso en su propiedad de la carretera. Si no lo firmaba, el estado se lo expropiaría pagando un precio ridículo por él. Firmo.

La carretera atravesó por un lateral su pequeña isla, era lógico que los ingenieros pasaran la carretera por la isla, porque era tierra firme sin sal que excavar y se encontraba en una zona donde la sal apenas tenía 3 metros de profundidad, los trabajos de la carretera se avanzaron mucho más rápido al cruzar la isla. Moktar estaba muy contento, todo parecía ir bien y pronto se terminaría la construcción, pero estaba en las últimas y necesitaba dinero para emprender la nueva explotación.

Las cabras  de Abdul permitían a la familia seguir viviendo pero de forma muy ajustada. Y aunque el muchacho deseaba volver a los estudios, sabía que ahora estaba manteniendo a la familia con sus cabras y no podría dejar su trabajo, se consolaba pensando que cuando se terminara la carretera, su padre volvería a ser solvente y ese sería el momento de plantear dejar el pastoreo. Se estaba haciendo mayor y hacer de pastor no le satisfacía, pero pasar hambre tampoco.

El día fatídico llego. La carretera estaba prácticamente terminada, Moktar tuvo que vender la mansión de la familia de su mujer y volver a su antigua casitas, necesitaba el dinero para la construcción de su nueva planta de extracción. Se dirigió a las oficinas gubernamentales de Matrohua, con el registro de la propiedad de su isla, para solicitar los permisos de extracción. Espero su turno hasta que el funcionario pudo atenderle.

  • Buenos días, vengo a solicitar una licencia para instalar una factoría de extracción en el Choff, en un terreno de mi propiedad.
  • Perfectamente señor, ¿sabe que las licencias son muy complicadas de conceder?, el terreno tiene que ser inspeccionado por un grupo de expertos que estudiaran el terreno, la cantidad disponible y la calidad de la sal…
  • Si lo sé, he sido el propietario de otra instalación y conozco los requisitos, pero mi terreno tiene la más pura sal y en cantidades ingentes. No me pondrán pegas.
  • – ya pero con la construcción de la carretera ha puesto en el mercado cantidades ingentes de Sal de la mejor calidad, y el estado la está vendiendo a un precio muy bajo, por lo que el mercado está muy saturado, por lo que el ministerio está muy reticente a dar más licencias…
  • Lo sé, pero tarde o temprano esa sal se venderá y el mercado volverá a subir…
  • Pero lo que usted no sabe, es que el alcalde de la ciudad ha comprado una pequeña explotación que hasta ahora sacaba la sal con dromedarios y acaba de ordenar la construcción de una carretera para poder extraer la sal y trasportarla con camiones, podrá triplicar su producción en 6 meses.
  • Maldito estafador, como le permitirán que se haga una calle para hacerse millonario…. 
  • Por lo visto la construcción de la calle estaba aprobada mucho antes de que la explotación fuera suya, no ha sido orden suya.

El hijo de mil chacales sabía que mi explotación tendría una calle y por eso busco como comprármela…. Pensó Moktar.

  • En cualquier caso, quiero hacer la solicitud de una nueva explotación en mi terreno, cuando conozcan la ubicación los expertos me la concederán sin dudar.
  • Muy bien, deme el registro de la propiedad y pondremos en marcha el proceso. Y se puso a hojear los documentos de propiedad…
  • Pero, esto está en mitad del Choff…
  • Correcto es una isla de tierra, rodeada por la mejor sal de África.
  • Pero usted no sabe que el Choff ha sido declarado parque natural, es intocable, allí no podrá construir una factoría de ningún tipo, no puedo ni cursar la solicitud…
  • Pero como puede ser eso, no puede ser, debe de haber algún error…
  • No hay ningún error señor, la carretera se ha construido  precisamente por eso, es una vía de comunicación imprescindible, el Choff tenía separado el norte del sur, y en la capital, querían convertir el Choff en parque natural desde el tiempo de los franceses. La carretera se ha hecho antes de que sea declarado parque natural, porque después, no se podría construir… La idea es traer el turismo del norte, de las playas de Túnez al sur, a que conozcan el desierto y el Choff es el camino para llegar.
  • Pero habrá alguna manera de…
  • Lo siento señor, pero es imposible, no podrá construir una extractora de sal dentro de un parque natural, solo se respetaran las licencias anteriores al nombramiento…
  • Pero  todavía no se ha declarado parque natural el Choff….
  • Ya, pero esta aprobado por el consejo de ministros desde hace mas de 1 año y la carretera se va a inaugurar el próximo viernes.  No hay nada que hacer, su isla no vale nada.
  • No puede ser, tiene que haber alguna solución, me han engañado, me han robado…

Y en ese momento, Moktar noto como su corazón le daba una terrible punzada y cayó en redondo.

Malika, la viuda de Moktar no podía salir de su depresión, su vida había cambiado de forma radical, quería a Moktar y su muerte, después de haber descubierto que había sido engañado, la llevo a una depresión profunda. 

Habían tenido que vender su mansión y volver al pisito donde empezaron, tenía que hacerse cargo de su madre que tenia demencia senil, y dependía para vivir de su hijo que ya tenía 19 años y seguía siendo pastor.  No podía entender como se había encontrado en esa situación.

Abdul, ya no era el chico risueño de siempre, la muerte de su padre le había obligado a madurar, ya nunca podría estudiar, ahora su madre y su abuela dependían de él.

  • Abdul, ven por favor, quiero hablar contigo.
  • Dime madre, ¿estas mejor?
  • No tengo más remedio que estar mejor hijo, nuestra situación no nos permite que viva hundida en mi miseria, tengo que cuidar de la casa y de la abuela…
  • Lo sé mama, no quiero verte sufrir más, las cosas tienen que mejorar.
  • Abdul, a partir de ahora tu eres el hombre de la casa, a partir de ahora, eres el cabeza de familia, tú decides las cosas que hay que hacer a partir de ahora, yo solo te pediré que cuando te cases, te sigas haciendo cargo de mi y de la abuela. No necesitaremos lujos, solo un sitio limpio donde dormir y algo para meter en la cazuela.
  • Madre, no tendrás que preocuparte nunca de que os falte nada, no he podido estudiar pero se trabajar y tengo muy buenas ideas, solo te pediré que confíes en mi, aunque creas que me equivoco, confía en mí.
  • Esta bien hijo, tu sabes que yo confió en ti, soy una mujer sencilla, solo entiendo de las cosas de casa,  aquí está el dinero que saco tu padre de la venta de la mansión, es mucho menos que lo que valía, pero tu padre por las prisas, la malvendió. Úsalo con inteligencia es lo poco que nos queda.
  • Madre, confía en mí, no dudes de mi, sabré salir adelante y conseguiré que volvamos a vivir bien.

El viernes se inauguro la carretera que atravesaba el Choff, la carretera permitiría unir el sur desértico con el norte del país sin tener que rodearlo.

Lo primero que hizo Abdul, fue vender su gran rebaño de cabras. Eran 74 cabras, todas sanas y bien cuidadas, no tuvo problemas en conseguir un precio justo.

Lo siguiente que hizo, fue comprarse un coche, un bonito Citroën Dyanne 6 de segunda mano con apenas un año. Estos dos movimientos no le gustaron a su madre, pero cumplió con el acuerdo de no cuestionar sus decisiones. Malika no podía evitar pensar que quizás su hijo no estaba preparado para llevar adelante a su familia, quizás era demasiado joven, pero siempre había demostrado ser un niño muy listo, tendría que confiar en él.

Una vez en posesión de la licencia para conducir, se encamino hacia la dichosa nueva carretera del Choff, y se encontró una larguísima recta de un asfalto muy negro que destacaba sobre el intenso blanco del mar de sal, absolutamente plano. La carretera se elevaba como un metro sobre el nivel de la sal y la verdad es que era sobrecogedor el atravesar la carretera del inhóspito desierto de sal.

Y justo a la mitad del trayecto, se encontró con su heredad, una pequeña porción de tierra en mitad de millones de toneladas de sal. La isla era alargada en el mismo sentido de la carretera, más o menos unos 100 metros de largo por unos 30 de ancho.

Abdul, paro su coche, estaciono en la isla que le había costado la vida a su padre y se sentó en una roca que había frente a la inmensa planicie.

El blanco de la sal, alumbrado por el sol africano hacía daño en los ojos, pero sus nuevas gafas de sol hacia que no le molestara. Al fondo del infinito blanco, se veían las siluetas de unas montañas lejanas de color gris, que contrastaba con el blanco inmaculado.

Realmente es hermoso, pensó. Tan inútil como hermoso. Es como un mar muerto, un lago infinito de sal, sin un solo punto que rompa la inmensa vista de kilómetros blancos.

Después de ver el espectáculo único del atardecer, decidió proseguir hacia el norte en vez de volver atrás. Estuvo como 5 horas allí sentado, lo que más le llamo la atención es que esta carretera con apenas 3 días abierta, tenía un tráfico tremendo, es normal que todos los vecinos de la zona hayan querido venir el fin de semana a ver esta gran obra de ingeniería y de paso conocer por dentro el hasta ahora impenetrable mar de Sal

Llego de noche al otro extremo, a la ciudad de Degache. Busco un hotel baratito. Cuando se registro, vio que en recepción tenían un cartel que decía que el hotel estaba en venta y le sorprendió. 

  • ¿Cómo es eso de que vende el hotel? Le pregunto al recepcionista.
  • Pues con la nueva carretera, he pensado construir un hotelito en el sur, a las puertas del desierto, creo que habrá oportunidades de los turistas que vayan a conocer aquella zona.
  • ¿Usted cree que los turistas irán al desierto?
  • Si, Túnez te permite bañarte por la mañana en la playa y ver el Sahara por la tarde, y a los turistas les gusta el desierto.

A la mañana siguiente, Abdul salió con su coche hacia el norte, quería ver de cerca el mar y de paso ver a los turistas para saber cómo eran, le llamaba mucho la atención de esas personas que viajan para ver cosas normales como el desierto….

Llego a Túnez capital y se fue directamente al paseo marítimo, se bajo del coche y se sentó en la arena de la playa, se quedo contemplando el mar, tan grande, tan azul, tan vivo. Y entonces lo entendió. A él le fascinaba ver el mar, tanto, como a un “turista” ir a ver su Erg de arena.  Si él hubiera sabido que el mar era tan impresionante, hubiera viajado antes para verlo. Tiene sentido pensó, viajar para ver el mar. Más adelante tendría que volver con su madre para que también pudiera verlo.

Pregunto a un paisano, que donde estaban los turistas, y este le indico que donde mas había era en una colina llamada Sidi bou Said, y siguiendo sus instrucciones, allí se dirigió.

Se encontró en un pueblecito precioso de casas blancas y puertas y ventanas azules, con increíbles vistas sobre el mar, que era mucho más grande de lo que había imaginado, mayor incluso que el Sahara. Increíbles vistas sobre el mar, que era mucho más grande de lo que había imaginado, mayor incluso que el Sahara.

Y también vio a muchas personas diferentes, raras… Rápidamente los identifico como turistas….

Había gentes con el pelo amarillo, marrón y hasta rojo. Las mujeres llevaban el pelo suelto, a la vista, pero no parecían prostitutas, eso sí, tremendamente atractivas, no salía de su asombro. Vestían raro, con pantalones de colores, camisas abiertas y lo que más le llamo la atención era que todos los turistas parecían muy felices, siempre sonreían, hacían mucho ruido, reían, hablaban alto. Estaba claro, los turistas eran la gente más feliz que había visto nunca.

Decidió ir a un restaurante, nunca había comido pescado y le gusto mucho, aunque no era mejor que la carne, estaba sabroso. Vi a muchos turistas comer allí, bebían vino y hablaban en otro idioma que no entendía, pero eran amables con el camarero y dejaban propinas muy altas.

Todo lo que vio en Sidi Bou said le gusto, tanto que busco un hotel en la colina. Le gustaba todo lo que veía.

A la mañana siguiente, desde su ventana del hotel, se fijo en el puerto y decidió ir para allí.

Desde pequeño le habían fascinado las maquinas y nada le pareció más grande ni más impresionante que un barco.

El puerto de Túnez tenia gran ajetreo de todo tipo de barcos, había barcos de pasajeros, cruceros, y barcos de mercadería de todo tipo, decidió acercarse a un muelle donde estaban cargando un barco con grúas, metiendo grandes cajas en las tripas de aquel inmenso buque de carga.

Decidió pedir permiso para ver cómo era un barco de estos por dentro, pero le explicaron que no podía subir a bordo, que no estaba permitido. Se sintió frustrado, el necesitaba entender como aquel bloque de metal no se hundía en el mediterráneo, y cómo era posible que avanzara.

Después de intentar entrar en varios barcos sin éxito, se dio por vencido, y saliendo del puerto, vio una explanada en la que estaba abandonado un pequeño y viejo barco mercantil, tremendamente oxidado pero al estar fuera del agua y sin vigilancia, decidió visitarlo.

Lo primero que le llamo la atención fue el tamaño del casco fuera del agua, para ser un barco pequeño, era tremendo. Se fijo en las hélices que asomaban por la popa y rápidamente encendió como se movería el barco, se asomo a la proa, el barco se llamaba John Hope. Le llamo la atención la fortaleza de la quilla.

 Al darle la vuelta al barco, se encontró con un gran agujero en el costado y decidió que era el sitio perfecto para entrar,  lo primero que vio, fue los grandes motores y más adelante, vio unas escaleras que le permitiría subir a la cubierta…

  • ¿Dónde cree que vas? Espeto alguien a su espalda…

Se dio la vuelta y se encontró de frente con un  viejo marinero armado con una llave fija de gran tamaño.

  • Lo siento, disculpe mi atrevimiento, hoy es la primera vez que veo un barco y no he podido resistirme a ver por dentro uno, creí que estaba abandonado…
  • Pues no, no está abandonado, este barco es mío, y vivo aquí desde hace 15 años.
  • Perdone señor, seria usted tan amable de enseñarme el barco, me gustan mucho los barcos y no sé ni cómo funcionan.

El viejo marinero, a regañadientes al principio, comenzó a enseñarle el barco, según veía el interés y las preguntas de Abdul, le viejo se iba emocionando…

  • Yo comencé a trabajar en el John Hope cuando era casi un niño, me escape de casa después de hacer una trastada y con 14 años me embarque sin pensármelo, huyendo de la correa de mi padre. He trabajado en este barco toda mi vida. Cuando el barco embarranco, lo sacaron del agua con una gran grúa, y lo trajeron aquí con un camión especial, cuando el perito hizo el informe de reparación, lo mandaron a Bélgica, donde estaba la propietaria del barco, vino un señor de allí, y me dijo que el barco nunca más navegaría, le dije que iba a ser de mi, que me pagaran una compensación, entonces me dijo, si quieres el barco, te lo regalamos, es tuyo.  Y me dieron un papel que dice que el barco es mío, y decidí, vivir en el.
  • ¿y cómo es la vida en un barco en tierra?
  • Pues al principio me gustaba mucho, tenía mucho espacio todo para mi, y las cosas funcionaban, tenia electricidad, hasta agua para lavarme, pero ya todo está roto, se ha oxidado, no se puede arreglar. En invierno paso frio y en verano mucho calor.
  • ¿y por que no lo vende y se va a una casa?
  • Eso me he preguntado muchas veces pero no sé porque sigo aquí.  Si vendiera el barco, lo desguazarían y desaparecería el John Hope. El terreno en el que esta es del puerto y hasta ahora no me han puesto pegas, pero el puerto cada vez crece más y es cuestión de tiempo que algún día me digan que lo tengo que quitar de aquí.

Abdul le dio muchas gracias por la visita y por todas las explicaciones, había conocido a una persona muy peculiar y la maquina más grande que había visto nunca.

Ceno en el hotel, curioseando a los turistas y se fue a la cama, pero no pudo dormirse, dándole vueltas a una misma idea.

A la mañana siguiente, se levanto temprano, pago la cuenta del Hotel y se fue al puerto, en busca del viejo Marinero del John Hope.

  • Hola, buenos días, quizás sea la mayor estupidez que he hecho nunca, pero, te compro tu barco.

De nuevo se dirigió al sur, durante todo el camino, no paro de darle vueltas a lo mismo, ¿he hecho un disparate mayor que el de mi padre cuando compro la isla? Como se kilo explicaría a su madre…  La compra estaba hecha, pero si daba la vuelta, a lo mejor convencería al viejo que deshiciera el trato y le devolviera el dinero.

Llego a la carretera que atravesaba el Choff de sal, y como no, paro de nuevo en la isla, y se sentó en la misma piedra… Era martes, pero había una familia del sur que habían parado a ver el desierto de sal.

Abdul se quedo un buen rato allí sentado esperando el atardecer, la familia se fue, y Abdul se dijo en voz baja, “no, no es ninguna estupidez”

Después de cenar, le conto a su madre que había comprado un barco oxidado y roto, cuando se lo explico, Malika pensó que estaba bromeando, sabia el concepto de lo que era un barco, pero no era consciente del tamaño. Cuando Abdul, le dijo, lo que haya gastado en el barco, Malika, se quedo petrificada, se levanto y se fue a su dormitorio con una lagrima en los ojos.

Al día siguiente, Abdul se dirigió al ayuntamiento con el certificado de propiedad de la isla, y solicito una licencia de obra.

Después se dirigió a un contratista y negocio con él, la construcción de un pequeño bar en mitad de la nada, una zona de aparcamientos y una terraza elevada en forma de mirador, con una pérgola parasol, servicios y una pequeña tienda.

Cuando el contratista supo el lugar donde Abdul quería construir todo aquello le dijo directamente que estaba loco.

  •  ¿Un café en medio de la nada?, que sentido tiene, allí nadie parara, hace demasiado calor y la sal es mala para los coches y la mecánica.
  • Hagamos una cosa, vayamos mañana allí y le enseñare el sitio y así podrá tomar medidas.
  • Ok, pero no me comprometo a hacerle la obra por ir a verlo. Se dieron la mano y se emplazaron a la tarde siguiente para ir a ver aquello.

Durante el camino de ida, el contratista le dijo de muchas formas diferentes que aquello era una locura, que nadie pararía, que no había luz eléctrica, etc., etc.

Llegaron justo cuando de frente a ellos, venia un pequeño autobús, que paro y de él se bajaron un nutrido grupo de turista que rápidamente se bajaron y empezaron a hacer fotos del desierto de Sal Incluso una guapísima alemana les pidió permiso para hacerse una foto con ellos.

El autobús se fue, comenzó un atardecer rojo, Abdul y el contratista se quedaron en silencio y el contratista se puso a tomar medidas del terreno.

En  el camino de vuelta, el contratista está entusiasmado, decía que sería la cafetería más bonita que hubiera hecho nunca, su obra maestra.

  • Como se le ocurrió comprar esa isla, le habrá salido muy barata.
  • La isla la compro mi padre antes de que se hiciera la carretera y que se protegiera la zona como parque natural, pero el precio fue muy alto, el Alcalde le engaño, y le pidió a cambio la pequeña explotación de sal que tenia la concesión la familia de mi madre desde hace varias generaciones.
  • Pues has de saber que la jugarreta del alcalde no le ha salido nada bien, el sabia antes de quedarse con la explotación de tu familia que llegaría una calle hasta la explotación y utilizo esa información preferente en su beneficio.

Ha comprado una gran excavadora, y varios camiones. Quería ser el mayor productor de sal del sur de Túnez.

Pero las demás explotaciones  se enteraron a tiempo, y se dirigieron directamente al ministerio en Túnez ciudad, y después de soltar aquí y allá, han conseguido que, después de la bajada tan tremenda del precio de la sal por la construcción de la carretera, les han asignado a cada explotación, una cantidad máxima de sal en función de las ventas del año anterior, por lo que el alcalde se ha gastado una fortuna en engrandecer la factoría, comprar maquinaria, excavadora, camiones, para sacar la cantidad de sal que sacaba tu padre por el viejo sendero con los dromedarios.

A lo que Abdul respondió:

  • Que Alah sea adorado por siempre, que alegría me da el saber que se ha hecho justicia con ese alcalde corrupto, porque esta estafa le costó a mi padre la vida y a mi familia su gran casa y comodidades. 

El alcalde de Matrohua, por puro rencor, puso todas las pegas posibles para otorgar la licencia de construcción del café en la isla, pero el constructor fue muy listo, se fue a ver al Alcalde y le dijo que la isla estaba en la ciudad que su legitimo propietario decidiera, en mitad de la nada y prácticamente equidistante entre las ciudades de Degache y Matrohua.

  • Si en Matrohua no nos dais la licencia de la cafetería, iremos a Degache, que nos la darán de mil amores, y oficialmente la isla será terreno de Degache y los impuestos se pagaran allí.

Finalmente  el alcalde no tuvo más remedio que entrar en razón y conceder la licencia, no sin antes decir:

  • Ese trozo de tierra arruino al padre y arruinara al hijo, una cafetería en mitad de un   desierto donde no hay ni lagartos.  Locos….

La obra comenzó sin contratiempos, el contratista le dio prioridad. Abdul iba todos los días a la obra y trabajaba como un obrero más.

Había intentado convencer a su madre para que fuera a ver las obras, pero esta, con la escusa de cuidar de la abuela, no quiso ir. Estaba convencida que su hijo había perdido la razón, ¿una tienda y una cafetería? ¿en mitad de la nada?

Abdul sabia que todo el pueblo de Matrohua estaban pendiente de él, pensaban que aquel medio tuareg había perdido la sesera, y eso mortificaba a su madre, Abdul había cerrado el precio de construcción de la cafetería con el resto de dinero que quedaba de la venta de la mansión y por eso se ofreció como obrero, para abaratar la construcción.

El constructor que se llamaba Mohamed y Abdul se hizo amigos, iban juntos a trabajar en el coche y se palpaba que Mohamed se había involucrado plenamente en el proyecto y realmente estaba haciendo un buen trabajo con la cafetería, la tienda y el mirador.  Por eso, cuando desde el ministerio de economía, les enviaron un inspector para ver que estaban construyendo en el corazón del parque Natural, ambos defendieron de igual manera el proyecto.

  • Señor inspector, le aseguro que toda la construcción se rematara imitando las construcciones tradicionales del sur, con adobe encalado, quedara realmente como parte del paisaje. Afirmo Mohamed mientras le mostraba su obra.
  • Perdone pero una construcción dentro del parque natural debe de ser aprobada por el ministerio, nos han avisado del ayuntamiento de Matrohua que está construyendo un negocio cualquiera sin sentido.

A lo que Abdul respondió:

  • Señor inspector, con todos mis respetos,  según tengo entendido, el Choff se ha convertido en parque Natural, para protegerlo y que sea un gran reclamo para los turistas, ¿es así?
  • Muy cierto.
  • Y esta carretera se ha construido para que los turistas puedan acceder a la zona del sur atraídos por el desierto.
  • Ciertamente, así es.
  • Y si miramos alrededor, este punto es el idóneo para conocer y admirar la belleza de este lugar, tendremos unos cuartos de baño grandes y modernos, donde los turistas y los tunecinos puedan parar, un mirador desde donde contemplar una preciosas vistas y un lugar donde refrescarse en los días del calor del verano. ¿no cree que el café del mar de sal, es una buena idea?
  • ¿el café del mar de Sal?  La verdad es que suena bien, me han convencido.  Otra cosa es que sea rentable, no me gustaría encontrarme este edificio vacío y abandonado dentro de unos años…

En ese momento, intervino Mohamed…

  • Señor, soy el propietario de una conocida constructora en Matrohua, y puedo garantizar por escrito que si en los próximos 10 años, el café del mar de sal, dejara de trabajar, mi empresa se encargaría de desmantelarlo y dejar la isla en su estado original.
  • Siendo así, Señor, no pondremos ninguna objeción, mandaremos un informe al ayuntamiento afirmando que tienen nuestro apoyo en el proyecto, le hare llegar el documento que acredite su compromiso. Les deseo que Alah bendiga su proyecto.
  • Que Alah así lo haga, muchísimas gracias inspector.

Por fin, un día Mohamed le dijo a Abdul,

  • estamos listos, esta semana podrás abrir…

A lo que Abdul, respondió, todavía le falta un detalle al Café del Mar de Dunas…

Les ilusionaba que algunos autobuses y coches con turistas se detenían a ver si estaban ya abiertos, pero otros muchos autobuses no paraban….

Al día siguiente, Abdul convenció a su madre para que fuera finalmente a conocer el café del mar de sal y la isla sobre la que estaba construida.

Cuando Malika, vio lo bonita, amplia y practica que era la cafetería no pudo por menos que felicitar a su hijo y a Mohamed, le gusto todo, el mirador donde los turistas tomarían algo fresco mientras contemplaban la inmensidad de sal, los baños amplios y limpios, el comedor acristalado con ventiladores en el techo.

Todo esto es realmente bonito, pero aunque el choff es muy impresionante de ver desde el mirador, pero no veo por que pararan aquí.

A lo que Abdul, respondió…

  • Madre la razón, creo que está llegando por la carretera desde el norte en ese momento.
  • Malika, Mohamed y los obreros que se habían unido a la inspección de la madre de Abdul a su obra, miraron a la vez hacia el norte

Se quedaron sin palabras.

Sobre un camión de enormes dimensiones que casi ocupaba los dos carriles de la carretera, llegaba el John Hope.

Se frotaban los ojos para ver mejor aquella visión increíble, el barco navegaba sobre el mar de sal, poco a poco el camión llego a la isla, en la cabina del camión, venia el viejo marinero que había habitado en el barco, y detrás del buque, venia otro camión igual de gigante con una grandísima grúa.

  • Tal como prometí, aquí te entrego mi casa, ha costado un poco traerla aquí, hemos tardado 2 días en llegar, pero que maravilla de sitio para traer al John hope, se hará famoso.  Dijo el viejo, a lo que Abdul respondió.
  • La idea es que cuando alguien contemple el choff, la gente entienda que hace miles de años, esto era un mar.
  • A lo que Mohamed añadió, además de llamar la atención de los turistas, mientras veía que un autobús grande estaba buscando la forma de entrar al aparcamiento, mientras los turistas no podían esperar para bajar del autobús y tiraban fotos desde los cristales.

La madre de Abdul, empezó a llorar, abra que servirles un te aunque sea, a estos señores, este primero se lo va a regalar Malika.

Así que se pusieron manos a la obra, Abdul le indico al operario de la grúa donde tenían pensado poner el barco y con la proa mirando hacia la cafetería a una distancia de unos 250 metros, en el lado contrario al atardecer, Abdul no quería que nada distrajera la vista de aquellos atardeceres rojos.

El guía que conducía a los turistas, antes de continuar viaje, pidió conocer al propietario del café del mar de sal.

  • Estimado señor, dijo el guía, ha tenido una idea grandiosa, esta cafetería esta en el punto justo para nuestros viajes, y el barco en mitad de la sal, hace que el mar de sal, se convierta en un punto más de interés para nuestros clientes. Sería tan amable de facilitarme una tarjeta con su teléfono.
  • A lo que Abdul respondió, muchísimas gracias, en breve también serviremos comidas, aquí  tiene mi teléfono, pero llámenme antes de las 09 de la mañana por que a las 10, estaré aquí, y no hay teléfono.

 El guía no consiguió convencer a los turistas que montaran en el bus, hasta que la grúa no termino de poner en su sitio el John Hope, y cuando estuvo finalizada la maniobra del atraque final, todos aplaudieron un largo rato.

Los turistas hacían cola para fotografiarse con el impresionante Mehari blanco de Moktar, que Abdul había mandado traer para la improvisada inauguración, de alguna manera el sueño de su padre se estaba cumpliendo y a través de aquel imponente dromedario, estaba presente. 

Una de las fotos que hizo el guía, termino siendo portada de la presse de Tunesste, diario de tirada nacional, que hizo que el fin de semana, cientos  de habitantes del norte y del sur de el Choff, fueran a ver el “barco de Abdul el loco”

Aunque el alcalde de Matrohua, maniobro para intentar que se retirara el John Hope del lecho de sal, lo cierto es que una foto del barco se publico en las páginas interiores de Le Figaro y la fama de esta idea descabellada, hizo que nadie en Túnez quisiera retirar el pecio del mar de sal, se había convertido en una de las imágenes más conocidas del país y cada día era fotografiado por cientos de cámaras de todo el mundo.

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